A veces me pregunto si quienes trabajamos en relaciones humanas explicamos bien o mostramos claramente los efectos del uso o no uso de la Inteligencia Emocional. Porque estamos siempre sintiendo emociones y lo único que ocurre es que, o bien no nos damos cuenta porque estamos más ocupados «haciendo algo» o bien preferimos sentir unas emociones respecto de otras y al final esto lleva a sentirnos insatisfechos sin saber de dónde viene este estado o achacándolo a factores externos (un mal día, una noticia que no gusta…).
Podría hablar mucho de todo el efecto que tiene una buena gestión de tus emociones y como prefiero que el post sea breve voy a contar algo muy usual: «preferimos sentir enfado a sentir tristeza» y ello impide sentir equilibrio y paz mental.
Cuando sucede algo que no nos gusta nos solemos enfadar. Enfado: tiene la utilidad de cambiar lo que no nos gusta, de ahí que el cuerpo manifieste energía. ¿Qué sucede si aquello que no me gusta no lo puedo cambiar o no al menos inmediatamente? Puede ser un comportamiento o forma de ser de alguien, un ruido que es continuo…
El enfado es ese indicador que nos puede ayudar a darnos cuenta. Bien. Llevamos a cabo una acción para tratar de cambiar aquello que no nos gusta. Hecho esto, solemos esperar que aquello cambie. Y solemos esperar con cierta intranquilidad… «porque cómo voy a estar en paz con eso ahí…».
Pues ahí aparece la Inteligencia Emocional. Ahí podemos activar la capacidad de cambiar esa emoción y por eso y para eso necesitamos de nuestra amiga tristeza.
Cuando no podemos cambiar algo aparece la frustración, ese indicador de «así no» o «eso no funciona» … Practicada la acción orientada al cambio, esperar y soltar el resultado depende de nuestra capacidad de aceptar la situación tal y como esté siendo en estos momentos.
Y es que… cuando comentamos al otro algo suyo que no nos gusta….cuando queremos que sean de otra forma… es debido a que preferimos mirar fuera a sentir el dolor dentro. Mirar fuera significaría que preferimos poner la atención  en el otro y así evitar sentir la frustración o decepción propia de descubrir que los demás no son como nos gustaría, que la vida no es perfecta o ideal o como nuestras ideas mentales sugieren…
Cuando aprendemos a regular las emociones y verla además como aliadas podemos sentir primero ese delicado dolor ante nuestra decepción para que, hecho este micro duelo,  podamos ofrecernos a lo que venga con los brazos abiertos y en calma. Esto es Comprender…
Cuando la situación genera en nosotros unas consecuencias negativas siempre podemos comunicarlo desde la propia percepción y responsabilidad. Hecho esto, quizá haya que elegir: elegir entre aceptar al otro con ese comportamiento que no nos gusta, o separarnos del otro y hacer el duelo de lo que no nos hace bien.
En cualquier caso, bendita tristeza que es el puente hacia la aceptación…bendita tristeza vivida con atención plena!! La tristeza deja de ser un estado de ánimo y se convierte en el aliado perfecto para la paz!!!